martes, 19 de mayo de 2009

De Columna de la desaparición de Jorge Mario Mejía Toro...

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Lo desaparecieron: así hay que decir ahora. Y en esa palabra neutra no habla la neutralidad, habla el temor de quienes no pueden nombrar públicamente a los agentes de la desaparición. Pues ésta, una vez se la profana al utilizarla como arma solapada de guerras ambiguas, es convertida en una cadena irreversible cuya progresión avanza ahí donde los mortales no deben pisar: en la regresión a lo que no tiene forma. Terrible cadena que hace del morir una muerte sin fin, que no se detiene en la muerte, que se atreve no sólo a ir más allá (haciendo del morir abstracción numerosa) sino a anticiparla con simulacros supliciadores que hacen pasar por la muerte culaquier acto, desde el de comer o el de dormir hasta el que era del amor.
"Nadie se muere la víspera -decían antes-: le tocó el turno". ¿Hay turnos -ahora- hasta para morir a destiempo?
Tomado de: La Paz Sucia de Jorge Mario Mejía Toro y dedicado a José Gabriel desaparecido en febrero de 1986.

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