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Desapareció: así se decía antes. Se hablaba de niños, de ancianos, o de quienes "padecen perturbaciones mentales". Salían de su casa y olvidaban el camino de regreso. También podía tratarse de hombres o de mujeres, dejando todo atrás huían con un nuevo amor, enajenados por el espejismo del recomienzo, el retorno a la desnudez del origen.
La desgracia, claro, no se descartaba. Pero ella era aún tímida, avergonzada casi de ser la redundancia del destino de la desposesión, o la cómplice fatal de los administradores de la pobreza (esos que fabrican la ironía de tener que vender el reloj ajeno -por el cual se paga menos- en lugar del revólver propio)...
Tomado de: La Paz Sucia de Jorge Mario Mejía Toro y dedicado a José Gabriel desaparecido en febrero de 1986.